Carlos de Foucauld: Vivir el Evangelio de la ternura de Dios

20.05.2022

Con las imágenes de la ceremonia de canonización de san Carlos de Foucauld, llevada a cabo el pasado 15 de mayo en Roma, aún frescas en nuestras retinas, un buen grupo de personas se dio cita en el salón de actos del Centro Suárez para escuchar la conferencia de Josemari de la Piedad, Hermano de Jesús de la comunidad de Málaga sobre cómo vivir el Evangelio de la ternura de Dios siguiendo la estela del nuevo santo. Como no podía ser de otra manera, al hablar de quien es llamado "hermano universal", la comunicación de Josemari se dio en un ambiente de fraternidad, sencillez y espontaneidad.

Un punto de partida. En 1886, cuando Carlos había perdido la fe, acude a la parroquia de su barrio para pedir clases de religión pues, en su actitud de búsqueda, quería recabar información sobre la religión católica. El cura que lo atendió le pidió que se arrodillara para confesarlo y lo envío a recibir la comunión. Para la sensibilidad del siglo XXI un abuso de autoridad, no obstante, para Carlos se convirtió en el hecho desencadenante para descubrir el rostro del Dios de la ternura y la misericordia. Tenía 28 años cuando se consumó su conversión.

¿Qué pasó en esa experiencia? Tres pistas para comprenderla.

  • El encuentro con Dios desde la sencillez. Los hombres del desierto si no viven la cotidianidad de la fe no podrían vivir la dureza de esa situación. Carlos no elabora una teología, es un místico formado en la observación.
  • En el encuentro con los suyos, en concreto con su prima, descubre el cariño y la ternura y desde ahí propone su forma de anunciar el Evangelio desde la proximidad y la generación de la pregunta por Dios.
  • Descubre la actitud del abandono para abrirse y ser acogido: dejarse hacer, aceptar sin a prioris y dejar sus propios proyectos.

Nazaret. Su estancia en Tierra Santa será otra clave fundamental para su vida. Le impresiona ver a Dios obrero en Nazaret, la simplicidad. Poco a poco va grabando en su corazón la necesidad de gritar el Evangelio con su vida, respirar Jesús y mostrar con la vida entera que somos de Jesús. También en su experiencia en Argelia descubre que más allá de la adoración eucarística hay que llevar una "vida eucarística".

En su conclusión, Josemari nos invita a vivir Nazaret no como una estrategia sino como ese espacio habitado por Jesús que nos lleva a comunicarlo con la vida.