Liderazgo para tiempos complejos

07.10.2022

La sociedad actual está inmersa en una turbulencia, agitada y recurrente, como resultado de las múltiples crisis que van caracterizando su identidad. ¿Quiénes pueden ayudar a salir de este estado crítico? ¿Qué liderazgos necesita la sociedad? Ante la tentación de desertar urge atajar el miedo y el aturdimiento y alentar la esperanza... "no partimos de cero".

Con la mirada puesta en el liderazgo eclesial, que no tiene que identificarse con el liderazgo de los eclesiásticos, afirmó Francisco José Ruiz, que es importante "recomponer el liderazgo de tal manera que sea factible y apto para este momento". El primer peldaño que hay que salvar es el del recurso fácil a la valoración negativa ocasionada por desprestigio del liderazgo debido a su identificación con el poder y con la ausencia, en algunos casos, de las personas que lo ejercen en el trabajo que realizan sus seguidores.

El liderazgo es una dimensión que toda persona o institución tiene, no obstante, se ha de formar teniendo en cuenta la persona del líder, los seguidores, la causa y los medios para ejercerlo. En este proceso, decía Francisco José, hay que evitar la asimilación entre el liderazgo y el líder.

Una radiografía de los tiempos complejos: los lideres y los procesos de liderazgo se dan en el contexto de una sociedad marcada por cuatro elementos complejos: la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad.

Tres acentos para liderar en tiempos complejos:

Dimensión inspiracional: la palabra precisa del silencio para recuperar su hondura. Los liderazgos han de tener la capacidad de resetear la visión para mejorar la misión. Esta acción solo es posible cuando el líder transparenta su inspiración, su visión y entusiasma con el futuro. El alma del líder, alimentada con la contemplación de la realidad y el discernimiento, permite abrazar el futuro, pero para ello es necesario cultivar la visión (conexión con lo profundo) y abrirse a la novedad, a la puerta de lo siguiente.

Dimensión personal: el ejercicio del liderazgo pasa por la relación con cada persona. No se trata de una experiencia "profesional" sino personal, con nombres propios más que con consignas abstractas. Cada persona es única e irrepetible. Esta dimensión coloca a la persona en el centro de los procesos de liderazgo. "No hay misión sin rostros".

Dimensión reticular: el liderazgo no se puede ceñir a lo específico de la misión personal o institucional; unos y otros son un nodo conectado con el resto. La misión es una respuesta integral a un mundo cada vez más interconectado, por lo tanto, la universalidad se convierte en una clave indiscutible para el liderazgo en tiempos complejos.